Vivimos en sociedades de uniformes solitarios. Juntados pero desconocidos.
Cada uno hace algo y desconoce al otro. Lo ignora y le teme. Cada uno es para sí, no para la comunidad.
El ideal individualista es nuestro iluminador diario.
Seres miedosos comparten los territorios sociales y construyen espacios con máscaras que ocultan sus vacíos y canalizan su agresión y molestia existencial.
El miedo como reverso de la agresión dispone de nuestras realidades como mentiras verdaderas.
Envueltos en ficiones transcurrimos buscando los dioses perdidos, las certezas aliadas al poder histórico y a sus autoridades. Nuestra identidad incorpora la legitimidad social, los dogmas aceptados por el poder y dictados por los sabios religiosos y científicos. La incertidumbre es intolerada por el creciente pensamiento mediocre. La ciencia médica es una práctica discursiva mercantilista, una construcción mecanicista de un cuerpo mercancía a reparar, mejorar o cambiar según los ideales manipulados por las industrias culturales y de entretenimiento o del consumo en el tiempo libre.
El lugar del médico es mínimo: o acepta propinas de las corporaciones actuando como agente de propaganda y circulación de elementos farmacéuticos o tecnológicos o soporta el rechazo social y el ostracismo, la falta de empleos y la locura de la soledad.
¡ O se sigue con lo mismo o se desaparece socialmente!
La Medicina es un capitalismo corporal. La ciencia su fundamento.
El cuerpo tiene dolencias y malestares corregibles por la industria.
A tal problema, tales cosas o procedimientos.
Como si tuviésemos una máquina.
No nos importa lo social: eso es basura.
Todo debe ser demostrado por las imágenes y los números.
Nos convencen con ese débil pensamiento.
Somos seres máquinas.
Como muestra Chaplin en Tiempos Modernos.
Perpetuamos nuestras sociedades.
Comemos, bebemos, sentimos toda su basura disfrazada de belleza.
Pensamos como nos dejan hacerlo.
Repetimos su estructura y sistemática.
Los sabios siempre lamieron los culos de los poderosos para tener un lugarcito en su mesa, para robar alguna migaja, para creerse como ellos.
Nuesta formación nos hace autómatas repetidores de enseñanzas globalizadoras del Norte opulento y guerrero.
Asumamos nuestro ser indio, ajeno, diferente.
Pensemos de otras maneras.
Animemonos a vivir de otras formas.
Aprendamos de los niños, los jóvenes.
Rebelemosnos de nosotros mismos, superemos nuestra pequeñez.
Dejemos de ser más de lo mismo...
Somos indios del Sur...oprimidos por el Norte y sus estrategas y empleados.
Somos la mierda del Mundo.
Seamos como las cucarachas de Kafka...
Para ser hay que superar el estar.
Primero la conciencia de opresión y su angustia.
El miedo, la bronca, las limitaciones...luego los diferentes caminos de Ulises, de Teseo, de Hércules...de tantos otros desconocidos que se animaron a vivir.
Dr.Alejandro Wajner
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