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Tuesday, January 22, 2008

HOMBRE NUEVO DE LA GLOBALIZACIÓN CAPITALISTA:

Mueven bellos cuerpos en cabezas aturdidas y vacías।
El rol del hombre cambia: de agente económico: trabajador o empleado, con la crisis capitalista, pasa a desocupado, desempleado hasta marginal:
cartonero, linyera.
Y la mujer agrega valores a su cuerpo: con una mejor educación, alcanza la universidad y logra ser profesional: recibir un dinero a cambio de su trabajo.
Pasa de ser una sometida pasiva a un ser económicamente activo con un poder parcial dado por el dinero, su falo.
Puede conseguir lo que los mandatos sociales disponen y exigen: comprar cuerpos jóvenes, trabajados con las pesas y los anabólicos; penes rígidos para alcanzar figurados orgasmos sin amor real.
Esta sociedad amontona a los seres, los hace solitarios y miedosos.
La mirada predomina y la identidad se adquiere con el parecer, con las máscaras y tatuajes de pertenencia social, con las ropas corporales.
Los hombres sin cultura del trabajo se contentan con sus cuerpos y los rellenan de curvas, de músculos como los antiguos griegos. Una cultura homosexual y bizarra invade los actuales machos en minusvalía:
los somete a poseer belleza corporal en cerebros empobrecidos como el entorno ecológico.
Cuerpos perfectos para cabezas decorativas.
Una cultura vacía de esencias y sentidos aturde las mentes cosechadas con ruidos, imágenes y números.

El placer se puede adquirir, comprar y vender en esta sociedad mercantil.
Los vínculos y relaciones entre seres deshumanizados refugian la violencia del malestar.
Las parejas expulsan hijos sin padres ni madres activos y reales. Los depositan en la calle, en hogares estatales, cárceles o en instituciones sustitutas.
El poder convence a todos con ser el camino a transitar para hallar la felicidad buscada e imposible.
Las agresiones entre seres se distribuyen de arriba para abajo y de allí para allá con el maltrato, los vejámenes cotidianos, los robos, secuestros y los múltiples juegos de la muerte, la reina de esta humanidad.

Nadie escapa a la violencia sistemática y estructural. Somos sociedades sin espacio para la humanidad. Destructoras de la naturaleza y la vida.
Complicidad, corrupción y mentiras: engalanan los discursos justificadores de tanta miseria.

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